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Mostrando las entradas etiquetadas como Textos

Mousie

Madre estaba hecha de ratones de madriguera. No le decían Mousie por eso, pero parecía. Tal vez fuera por su cara pequeña, toda concentrada. O por su andar veloz. Bajaba a la calle, pasaba la embajada y se metía en las canaletas. Tan chiquita era la cocina cuando ella no estaba. De un segundo a otro estallaba en millones de partes. La hornalla, las perillas, las sobras de la heladera. Yo me escondía abajo de la mesa, y esperaba a que vuelva. Volvía mojada, con el pelo en la cara y las uñas filosas. Cientas de lauchas amontonadas por el pasillo. Mordían todo lo que tuvieran enfrente y yo siempre me paraba enfrente. Quería tocarla, tocarlas. ¡Qué disparate! Esa imaginación rara que tenés, me decía Madre, huyendo por la puerta más cercana. Y se iba pero quedaba todo ocupado, de piso a techo. Yo seguía su rastro a través de las fotos: la de las bodas de oro, de plata, de mi hermano, las comuniones. Todas las fotos menos la mía. La mía estaba en otro cuarto.  Me acuerdo cuando se la reg...

Tránsitos

Tenía un cachorro de tránsito. Cachorris le decía. En realidad, eran dos. Se llamaban Cabo y Rabo. Antes de ellos tuve a Silvio, a él le decía perruki. Y a Momo le decía Sarnita. Les pongo nombre porque el formulario de tránsito lo pide, pero algunos nacieron para tener apodos que el form no me permitiría. En general agarro en duplas y me gusta hacer juegos. Estuvieron Upa y Epa, Loto y Quino, Terma y Luis, pero a Cabo y Rabo yo les decía Cachorris. Cabo era el doble que rabo, aunque ambos eran tan chicos que me hacían acordar a Pipa.  Pipa fue mi primer tránsito. Cuando la recibí, sentí que se me moría porque era muy chiquita. Me entraba en la mano y me pareció tan pero tan frágil, que la pelea que estábamos teniendo con mi novio se cortó a la mitad y solo me dediqué a pensar en cómo iba a mantener a este ser, vivo. Estaba sana pipa, no le pasaba nada. Pero era muy chiquita. En mi cumpleaños se me cayó arriba de la torta y quedó llena de merengue.   Silvio en c...

Me imagino sus patitas

Me la imagino. Camina tranquila por la playa a un paso mucho menos apurado que el que tiene ahora. Me imagino que los chicos la hacen correr, y que ella a veces corre y a veces mira. El viento le pega en su pelo que siempre fue el mismo. Los mechones sueltos se le enredan sobre el pañuelo. Me imagino al aire ciego, que le viene pisando los talones a cada clac de sus taquitos, desconcertado cuando le pierde el rastro en la arena. La arena vuela por todos lados y a ella se le mete en las medias can can color piel y en las hebillas de su pollera cruzada. Está fresco de ese lado de la isla, más a esa hora.  A su lado camina un hombre con una sonrisa impecable. Un hombre que se sabe importante, gracioso, con estatus. Tiene delante de él a sus dos hijos menores, por fin sanos ambos. Se tiran caracoles y montones de arena. La risa de ambos se dispersa por la playa como barriletes. Me la imagino a ella sonriendo. Ella, mirando de costado a su marido, con una sonrisa tan grande como la de ...

Enroscado desde que me subí al auto

Te tengo que confesar algo, desde que me subí al auto estoy enroscado.  Me buscaste con esa sonrisa y una cantidad de sugerencias e invitaciones que empecé a desconfiar de apenas me encontraron. No se puede así. Con vos. Qué difícil. A veces te escucho hablar y me olvido. Me distraigo con los pasajes de decenas libros que se arremeten y piden intervenir y que los recite para vos así por un rato estoy ahí, mirando la ruta extenderse, llenando el auto de palabras.  Tan linda tenías que ser. Y además pedirme que te lo diga. ¿Sabés el tiempo que estuve buscando el mate? Si el marrón o el amarillo de plástico o el más grande o más chico. Quiero predecir cuál es el correcto. Cuál te hace sonreír, porque como un boludo lo único que quiero es eso. Y que te de el sol cuando me des el gusto, si es que estás acá. Pensando en eso me das la mano y vuelvo. Vamos de la mano. Vos vas caminando por el bosque, con tus pupilas dilatadas buscando lobos entre los árboles. Corriendo tu deseo que se...

Siempre que lo necesites no voy a estar

 A mí no me parecías un iluminado. Ni un visionario, ni una persona que no juzgaba ni alguien que siempre estaba ahí. Es más, la única carta que tengo tuya dice "siempre que lo necesites, no voy a estar. Pero te quiero".  No hacía falta más, tampoco. Así que no voy a engrandecerte para que te mueras y te llenes de virtudes. Cuando te conté cómo me estaba costando reencontrarme con mi novio a la vuelta de un viaje largo, me dijiste tantas cosas que me tuve que bajar del auto llorando. Que vinieron dos tías corriendo preocupadas por los gritos y me calmaron a mimos y "vos sabés cómo es Picha".  Después me pediste perdón, habías tenido un mal día. Estabas nervioso.  No fue la única vez. Tenías malos días. Nos gritábamos feo. Y está bien , no tengo que acordarme de cosas lindas para que me guste acordarme de vos. Es importante poder sostener ideas contradictorias. Poder pensar una cosa y que eso no te quite disfrutarla. Porque la vida es compleja, y la tuya lo fue mucho...

Amalia Rajá

Hay un momento por el que pasamos todos los primos de la familia y que en algún momento, aunque nadie se acuerda cuándo, pusimos en común: un día nos dimos cuenta que la pareja que vive en la casa de mi abuelo son hermanos. Sus  hermanos. Nuestros tíos abuelos Amalia y Alejandro.  Algunos nos enteramos por un comentario al pasar a nuestros papás. O una pregunta a mi abuela. Nunca por una anécdota de cuando eran chicos ni mucho menos. Sabía que Alejandro era el padrino de mi mamá, pero eso no tenía una atadura filial en mi cabeza. La cuestión es que esto fue un problema general de público conocimiento pero cierta discreción.  El problema es simple: yo creo que pensamos que Amalia y Alejandro, este set inseparable de pilas doble A, eran pareja porque nadie en la casa los trataba como familia. No se nos enseñó a quererlos como familia. Nadie te decía "antes de ir a la cocina a tomar el té andá a saludar a Amalia", ni te preguntaban si charlaste con ellos cuando fuiste a juga...

Jugada

Hay un gesto re re vos, me dijiste. No sé bien cómo definir qué es, así que voy a empezar por describirlo.  Así arrancaste. De prepo. Arrancaste por el detalle más chico y te alejaste. Me solés decir que es un recurso mío. Pero esto sos todo vos. Fue así: "Hay un momento, generalmente pasa cuando estás sentada... en el que hago o digo algo, y vos ponés muy recta la espalda. Como que te erguís muy derechita y bajás el mentón. Y hacés algo re lindo con la boca, like a pursing of the lips. Muy sutil. Y respirás intensamente. A veces cerrás los ojos, a veces solo pestañás lento. Often you look away. Cuando me acuerdo de ese gesto, o cuando te veo hacerlo, me acuerdo de la primera vez que te vi hacerlo, esa primera noche en tu casa. Estábamos en el sillón, y vos estabas jugando conmigo. You were a cat and I was a mouse to you. Te habías sentado con las piernas cruzadas, mirándome de frente. Fully facing me, y muy cerca mío y no sé por qué, pero no puedo acordarme qué dije, y vos hi...

Drip, drop, plop/ No llego

Drip, drop, plop The couch is clean. I mopped the floor and swept out the dust and tidied the table. I even folded my clothes. I didn't put them away, but I did fold them. I tried.  I did the whole bathroom. Hung the towels. Threw away old creams and empty packages. Got rid of the papers on the floor and disinfected my piercings. I even did the dishes.  You know what else I did? I meditated. Just so you know. You, who are always telling me to calm down. I stayed home, to sleep early, so I could get shit done tomorrow. I crept in bed. I did my best. And there they were. Alone. Mocking. Aligned center of the apartment: my keys on the floor. So far away. Not even under the spotlight. The bulb is fried.  Pause.  The faucet drips. I stare blankly at it. I try to breathe in until it feels relaxing. It's not.  I can't get out of bed. If I do, I'd have to face the undone wrinkled blankets that have been swarming all over the place for days. I start a list. There's tuppe...

Vértices y promesas

Las contradicciones son nuestro punto más fuerte.  Es raro. Pero son el vértice. Ahí empieza el juego. Vos y yo. Un poco como los imanes a la inversa. La tensión día a día es tirante y elástica. Está siempre ahí. Apretujamos todo pero las piedras no se chocan ni se rompen ni se cansan de rechazar. Nos resistimos.  Desde el hueco de ese filo nos miramos muy nerviosos. Pensando cómo mentirnos en la medida justa. Un poco más y se nota. Un poco menos y no alcanza.  Necesitamos vértices. Puntos medios. Cosas que dejen tarea para el hogar. Por ejemplo eso de ser libres siempre y cuando sea por igual.  Pero yo ya sé que el juego siempre es resistir. Ver quién negocia mejor. No soy boluda, solo me hago.  Pero sonaba lindo, sonaba re lindo ¿no?  Te voy a hablar y no sé que decirte. Un montón de palabras como papelitos de relleno de una caja. Quilombo nomás. Hasta que me quedo en silencio y dudás primero. Y me quedo sin pellejos en el dedo índice y sin parte de la ye...

Brahma 1

Se enfría la Brahma caliente.  Esperamos sin apuro a que cierren las urnas. No sé si se le puede decir espera a esto. Hay demasiada poca expectativa. Estamos. Estamos sin apuro hasta que cierren las urnas. Estamos con la Brahma caliente al sol con una decisión que parece negligencia. Y unos perros que van y vienen ladrando pero no se dejan tocar. Pelusa, Nico, Carlitos y Taison.  La primera birra la compré. La estaban cambiando de lugar y los pesqué, y en el fondo, ¿yo a quién le voy a contar? Se hacen unos pesos por una birra que igual no quería tomar nadie. La segunda ya la ligué de yapa y con compañía. Ahora alguien pesca, alguien maneja una lancha a lo lejos, alguien la mira y alguien escribe.  A uno le gusta treparse a la cornisa y ver la pesca. Ya no me acuerdo cuál. Uno feo. Son todos feos y el sudor nos cae por igual a todos. Eso me gusta. Yo no pesco, ni sé vivir en un container. Ni entiendo mucho cómo es esa logística. Y el pescador no sabe qué puede haber de bu...

Luz roja y dedos en la piel

Se me pegó su piel.  Qué hacerle. Tengo la punta de sus dedos tocándome la cintura mientras me muevo.  Me quedaron restos en el pelo de luz roja y violeta fluorescente. La luz roja que jugueteo con tener en mi casa y el éxtasis del cielo verde y los árboles naranjas que salían de entre el empedrado.  Se me pegó. No en el momento, me siguió a casa.  En el momento era una mano, un abrazo más de los que tenemos miles. Parte de la textura y el baile clandestino entre fábricas.  Pero me siguió a casa y me desperté con una voz en el oído y sus dedos tocándome la cintura mientras bailaba. Rogándome muy tibio al oído. Distrayéndome en el almuerzo. Sonriendome irresistible en la nuca.  Se me pegó, no puedo sacarlo. Fantaseo con su mano completa. Toda su mano envolviéndome y su beso en el cuello en respuesta al mío. Se me pegó el calor en el pecho de un fuego que no hubo pero que mi cuerpo malinterpretó durmiendo. Una caricia retenida fuera de contexto. ¿Cómo le hago...

crónica entre huecos

Domingo 19 La tensión bajó vertebra por vertebra. Como una bolsa de arena que se deshilacha y de a poco se vierte al piso. Codos, colas, piernas sudadas me chocaban en el chicken bus explotado de gente. Donde entra uno entran diez me dijeron, y lanzaban las bolsas con cacharros, y ropa al techo para hacer lugar.  Miraba casi obsesivamente maps y por poco me pase de largo la ciudad. Xelapán, pedir una Xeca de chocolate, el Zunil, tomar el bus, la parada de buses queda todo recto, que más que más que más. Avisarle al tipo de couch que estoy llegando. Que estoy llegando y que por favor me trate bien porque este mes ya gastó su cupo. Y que el volcán con su camino de 8 kilómetros a las fuentes georginas sea fácil. Y bueno, de paso, que no haga tanto frío. Martes 21 "¿Puedo usar tu teléfono un segundo? ... para mandar un mensaje de texto.... sí, puede ser whatsapp, lo que mejor te venga. Dale, mil gracias" Cierro los ojos. Listo. Un éxito. Miro el asiento azul de firu...

Adaptabilidad

No sé cuando fue, pero el árbol que da al balcón tiene color hoy. El techo de la ciudad tiene tantos tonos como copas. La vista no es linda, nunca fue, pero me encanta. Es como todo, si te parás en un lugar muy alto tiene gracia. El conjunto de cosas se amalgama para que cemento, escombro, pelo y polvo merezcan la pena. Desde el techo, se pronóstica 100% lluvia y no llueve. Se cuestiona a la probabilidad. La probabilidad de poder poner pantones en palabras y argumentarlos. Y los árboles contestan, en la sirena de una ambulancia. 

Paraná 1190 v2

-"¿Cómo se pausaba esto, vieja?" El piso de madera crujió. El CD danzaba ajeno al desasosiego de Sylvia. El olor a encierro y el pegote de palabras sin decir me zumbaba en la nariz y trataba de no aspirarlo mientras tomaba mate. Al lado mío tenía una caja de cartón con más de 20 controles remotos incompatibles con cualquier televisor fabricado después del 2000. Compatibles con el del cuarto de Diego y ni siquiera. Con el agua hirviendo chorreando del termo roto, el plástico pudriéndose bajo el título "es una cuestión de mania", escuchábamos el ruido de la radio simultánea al CD player simultánea a la tele mientras el ropero escupía cada vez más cajas. Ella, enroscada en su locura. Él, ocasionalmente me miraba de reojo y yo desviaba. Desvariaba. A la caja de herramientas, a los controles, al popurrí que apareció abajo de la cama y quedó sin clasificar. Ninguno sacaba la incomodidad del: usted está aquí, en esta situación irremediable, qué le va hacer. - "...

Paraná 1190 v1

El piso de madera crujió. ¿Cómo era esto vieja? Cómo era el olor insano cuando no estaba contaminado de vejez. Cuando las paredes no descascaraban resignación, solo sinsentido. ¿Los portazos te apretaban el corazón hasta que doliera? ¿Como cuando los espejos miraban a través tuyo, sin percatarse? ¿Alguna vez pensaste si tu cuerpo cabía por las rejas del balcón? O no tenía punto y entraba en esa lista difusa de cosas que no se podía mencionar siquiera hacia adentro. ¿Cómo se sentía el tacto de una mano? El abrazo de un afuera y la comida en lo de amigas. ¿Cómo era esto vieja? ¿Era igual o era peor? ¿Alguno sobrevivió? O son cadáveres que cayeron junto con los marcos de fotos mientras se anulaban papeles. ¿Cómo era? ¿O no tuviste la valentía de preguntar? ¿O tuviste la sabiduría de no hacerlo? La bandeja de carne al horno seca, las papas gomosas, el desgano, la uniformidad que viene con el asumir que todo se repite ¿Se repetía cuando ustedes recién empezaban a despertar? Aumenta...

Se busca

Despilfarrador de horas crónico. Experto en perder el tiempo y hacer listas acabado el rato de lo que podría haberse hecho. Gozador de minutos que resbalan como vaselina por la tarde hasta formar un pilón muerto en el piso del living. Una masacre, una obra de arte sin sentido concebida para contemplar. Conocedor de la incomodidad de tocarse por horas hasta que la existencia cobra peso por culpa de la acción; y la sorpresa ante la abundancia de pensamientos que caen maduros al tacto, con un tinte de abandono que la calentura dejó enfriar.  Detective salvaje que se cuestiona por qué le resuena con tanto cuerpo la conciencia al leer la palabra verga muchas veces en un libro y mira con recelo como si alguien estuviese mirando.  Sadomasoquista por la soledad en la que se deleita, y a quien desdeña al no aprovecharse de ella y tan solo observarla hasta hacerla mirar a un costado.  Esclavo de la seducción a la que no se resiste pero con quien juguetea con pudor y luego...

NN

Lo busqué. Lo busqué yo . Al pedo. Él que me había catalogado de amiga lo fui a buscar. No lo paro de pensar. La cagué. ¿Para qué? Pero ahí estaba. Ahí me veo, acariciando sus dedos en el sillón. Tomando una cerveza en el balcón y echando sorbos a risas adormecidas. Atrapada entre reflejos de latas y botellas que  saqué yo.  "Entendí mal”, dijiste.  Y acá estamos, en la conversación que vamos a tener mañana. Pesado,  Intenso,  Manipulador,  Mezquino.  Y ahora, ¿me ignorás? ¿me querés? ¿tomamos otro vino? ¿abrimos una nueva clase de indiferencia? Vendeme el starter pack a esta perversión. Contame lo distinta que soy en un susurro popular. Hacémelo tragar de nuevo, porque no me vas a volver a hablar.   P or no ser el primero ni el último. Porque v oy a cruzar el semáforo en amarillo con o sin vos.  Te sonrío cada vez más.  Ya está. Es una pena. Te dije que no te quería perder.  ¿Me pensás? ¿Me querés? ¿Me ...

Chauchas verdes

Qué cosa. Esa cosa. La que tiene el otro. La que para tenerla se te caen otras dos, y ahora las querés más. Qué cosa la de mirar el plato del al lado. Sabiendo que esa comida no es nuestra, la tuya se enfría y  te quedan chauchas verdes nadando en jugo teñido con sal. Qué cosa esconderse entre pilones de ropa pero no cerrar la cortina del living. Qué cosa tener la última palabra y que no sea la correcta. Que no sea la correcta e irte con un piquete de letras desordenadas atoradas en la garganta con más paros que la línea D. Y qué cosa que ese mismo día la línea D esté parada, cosa que tengas tiempo de descuartizar esa última palabra hasta no tener de qué agarrarte. E inventar una palabra nueva. Qué cosa la de justificarse. La de irse incómodo por mostrar el repertorio de ideas disponibles como quién expone una maqueta sin terminar frente a una clase. Como quien finalmente la tira y confiesa que en realidad no trajo nada, se olvidó. Qué fenómeno el desmerecer lo propio. Incapaz...

Da cuerda al tiempo

Al rayo de sol le encanta un buen cuarto vacío. Se filtra por la ventana abierta, cercando las acciones, despertando a los que anhelan participar. La campera, la cama, el libro de Gay Talese en mi mesa de luz que no es mía. Las cosas son ficción hasta que la madrugada da cuerda al tiempo y el movimiento reanuda: la campera se vuelve campera, acumulando polvo, estirándose cada vez más hasta tocar el piso; la cama se vuelve cama, con pliegues rebeldes, despatarrada, esperando al sol como una musa. Y el libro levanta su tapa de papel, sutil, seductor,  para atraer un roce desde sus esquinas. En cambio ella, que es soberbia, se regodea en los pies de cada ventanal. Ronronea ante el calor que emanan. Duerme tranquila, sabiendo que no me voy a ir a ningún lado, porque vivo para ella como la campera, la cama y mi libro hasta que los descubre el sol.

Un alambre que me haga de tender

Miro por el ventanal de mi departamento, y no puedo evitar pensar que él me mira mucho más a mí que al revés. Ocupa el lugar de una pared y le da permiso a los obreros, a las palomas, a las gotas que caen de quién sabe qué aire acondicionado si no hace calor ni frío, a todos , a espiarme abiertamente. Me desperezo. Toma mucho trabajo abrir y cerrar el blackout (que tampoco tapa tanto), por eso lo dejo como está.  Un árbol me tiene cubierta. Es importante eso, porque es viernes. Es viernes, me rendí a la lluvia, y me pica la sensación de que mi ventanal se ríe. Sí o sí, se ríe.  Me ve ir y volver de una pantalla a la otra. Me ve en ese largo proceso que es relajarme. Ve como me dejo seducir por el parlante que hace vibrar el aire mientras fumo un pucho en el sillón y me pierdo. Un poco me pierdo. No se ríe por eso igual. Se ríe porque recién 12:07 am me pongo a escribir. Sabe del fin de semana largo. Sabe de la guitarra no sale de su funda hace rato y del libro que e...