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Mostrando entradas de junio, 2026

Los Lagos

Si me congelo,  lo primero en cambiar de color serán mis uñas  puedo pintar mis uñas  el color de mi sangre  bajo el agua en invierno. El agua no tiene, en verdad, colores. pero tiene un frío violeta y tiene nombre el nombre de otros.  Schmoll, Tonchek, Jakob… (no quiero  que una parte mía  quede acá  anclada en el fondo donde no hay ternura: la ternura es de los lagos  y hay tantos) Si me pintara el pelo  se vería mejor que ahora el fondo de las cosas tiñe todo como igual  y mi pelo se parecía al otoño cuando los haces maquillan  la corteza de los árboles  tenía un saco  plegado como un roble  con el que me paseaba  como una pasa de uva del color del agua en invierno pero basta,  que no tiene color el agua y basta la arena  y basta la lengua de las lajas  que murmura ¡Qué bello color el de las lajas! Y yo que pensaba  que eran algo roto  

Nubes

una bocanada sin hojas  de ramas quemadas  desprende bordó  de lejos,  ruborizada por el frío y el viento  se le escapa la espuma  poca,  más,  un atisbo de espuma y sudor  hojas desintegradas en el aire  y más,  varias  tomando cuerpo volumen, espuma  una espuma que no depende de las olas  y va pintando el hueco entre montañas  hasta arriba  hasta más,  hasta tomar de la mano  una baba vaporosa  y unir el gris carcasa flotada que acaricia el cielo el bordó y el cielo de las ramas quemadas por encima  sin raíz  ni salvia,  solo espuma se traza en un cúmulo  ora violeta, ora rojo,  ora lago gris celeste  azul  según la marea según la cascada  que baja lo que queda por levantar  entre las rocas maras de hielo  se hacen charco  entre las ramas caídas