Entradas

Caen las lajas

Era una laja como un torso un torso grueso de muerto de piedra de templo la comunión de restos la resina de un fémur de montaña un codo grava hecha de tendones y los pasos eran llanto un pie, el otro buscando pie a cada avance pero todo caía porque la piedra ha de volver al polvo que la llama y aún así, buscaba con una mano y bajo ella una laja, y otra grandes lajas, chicas lajas como las hay en oriente, al norte, al sur, migajas de un cuerpo que no se ha de preservar (no puede) intacto Es así: iba cuando el torso cayó y gritó ¿Dónde estás? respiró hondo, rápido, y gritó al no encontrar rastro de sus pasos ¿Cómo me vas a dejar sola sobre un cadáver?

Qué será, será....

Malena trataba de prestar atención, pero no podía. Los ojos se le cerraban. Tenía los párpados pesados. La mirada se le iba cayendo por las distintas pestañas. Millones de pestañas. Se fregó los ojos con las manos para despabilarse y volvió a empezar. Buscó una por una hasta que la encontró: “cómo preservar barcos en botellas”. El problema es que daba muchas vueltas. En un paneo rápido, era imposible encontrar instrucciones precisas. Hacía falta leer la entrada completa, pero los ojos de Malena se salteaban frases, párrafos enteros. O peor, se iban al teléfono. Hamacando la silla con un pie, asomó la cabeza por el pasillo.  Desde la sala no llegaba a ver la ventana, pero si se asomaba un poco más, un poco más, con el pie en punta sobre el borde de la mesa…un poco más, y la silla crujiendo sobre el filo gastado de sus patas…un poco más y su brazo apoyado sobre otra silla cerca para no caer, y ahí se veía. No la ventana, pero la luz. Un haz blanco se escapaba por el hueco que la coc...

arrayanes

una niebla convierte al cielo en agua ¿viste que al final... el aire y el agua...? ¿Viste? Yo no sé cuál traga los bordes cuál consume las nubes a mor - dis - cos - nadando al vacío junto a tres patos y la orilla flotada ¿y viste que el aire... y el agua...y el sol? nos está pegando el sol eso dicen del otro lado del humo disuelto en resolana hay un lago que alimenta el cielo. ¡Quedate ahí! ¡Estás dorado! los arrayanes los quetri naranjas acogen las sombras las llamas prenden las copas entran por huecos incendiados entre los entres de las hojas y tocan el piso forman flores de luz en el sendero pero cuando quieren fundirse se encuentran con que el sol devora con hambre y las sombras son del mismo color que los arrayanes