Qué será, será....
Malena trataba de prestar atención, pero no podía. Los ojos se le cerraban. Tenía los párpados pesados. La mirada se le iba cayendo por las distintas pestañas. Millones de pestañas. Se fregó los ojos con las manos para despabilarse y volvió a empezar. Buscó una por una hasta que la encontró: “cómo preservar barcos en botellas”. El problema es que daba muchas vueltas. En un paneo rápido, era imposible encontrar instrucciones precisas. Hacía falta leer la entrada completa, pero los ojos de Malena se salteaban frases, párrafos enteros. O peor, se iban al teléfono. Hamacando la silla con un pie, asomó la cabeza por el pasillo. Desde la sala no llegaba a ver la ventana, pero si se asomaba un poco más, un poco más, con el pie en punta sobre el borde de la mesa…un poco más, y la silla crujiendo sobre el filo gastado de sus patas…un poco más y su brazo apoyado sobre otra silla cerca para no caer, y ahí se veía. No la ventana, pero la luz. Un haz blanco se escapaba por el hueco que la coc...