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No duerme más gente en casa

Señalo mueble por mueble: Esta no es tu cama Este no es tu sillón Esa no es tu cafetera Esta mesa de luz no es tuya No es tu lámpara aunque la luz dorada te queda preciosa  pre - cio - sa así me decís en sílabas y separarsesientebien Las digo en voz alta pre - cio - sa No suena igual La luz entre persianas avanza en troquelado ¡chsst! ¡Lo vas a despertar! me examina el ojo, lo vuelve verde y me ciega me ignora busca a tientas la sábana y sus predadores persigue el ruido seco Yo sigo: Este no es tu lugar Esto no es un lugar para apuntar porque corrés solo con tu remera estirada, rastros de polilla y sombra (por mí no te vas a vestir mejor pero entonces, ¿qué guarda tu bolso?) Me señalo el pecho ¿A dónde fuiste? No hay nadie más en casa quedan extremidades acéfalas codos cruzados Estoy salvada (¿O no? ¿O estás detrás? ¿Qué le respondo a la lámpara? que dorada mira hacia la puerta ) No es tu casa, por favor Desaparecé antes de que te vea (Se saca la remera Se revuelve el torso en las ...

Caen las lajas

Era una laja como un torso un torso grueso de muerto de piedra de templo la comunión de restos la resina de un fémur de montaña un codo grava hecha de tendones y los pasos eran llanto un pie, el otro buscando pie a cada avance pero todo caía porque la piedra ha de volver al polvo que la llama y aún así, buscaba con una mano y bajo ella una laja, y otra grandes lajas, chicas lajas como las hay en oriente, al norte, al sur, migajas de un cuerpo que no se ha de preservar (no puede) intacto Es así: iba cuando el torso cayó y gritó ¿Dónde estás? respiró hondo, rápido, y gritó al no encontrar rastro de sus pasos ¿Cómo me vas a dejar sola sobre un cadáver?

Qué será, será....

Malena trataba de prestar atención, pero no podía. Los ojos se le cerraban. Tenía los párpados pesados. La mirada se le iba cayendo por las distintas pestañas. Millones de pestañas. Se fregó los ojos con las manos para despabilarse y volvió a empezar. Buscó una por una hasta que la encontró: “cómo preservar barcos en botellas”. El problema es que daba muchas vueltas. En un paneo rápido, era imposible encontrar instrucciones precisas. Hacía falta leer la entrada completa, pero los ojos de Malena se salteaban frases, párrafos enteros. O peor, se iban al teléfono. Hamacando la silla con un pie, asomó la cabeza por el pasillo.  Desde la sala no llegaba a ver la ventana, pero si se asomaba un poco más, un poco más, con el pie en punta sobre el borde de la mesa…un poco más, y la silla crujiendo sobre el filo gastado de sus patas…un poco más y su brazo apoyado sobre otra silla cerca para no caer, y ahí se veía. No la ventana, pero la luz. Un haz blanco se escapaba por el hueco que la coc...