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arrayanes

una niebla convierte al cielo en agua ¿viste que al final... el aire y el agua...? ¿Viste? Yo no sé cuál traga los bordes cuál consume las nubes a mor - dis - cos - nadando al vacío junto a tres patos y la orilla flotada ¿y viste que el aire... y el agua...y el sol? nos está pegando el sol eso dicen del otro lado del humo disuelto en resolana hay un lago que alimenta el cielo. ¡Quedate ahí! ¡Estás dorado! los arrayanes los quetri naranjas acogen las sombras las llamas prenden las copas entran por huecos incendiados entre los entres de las hojas y tocan el piso forman flores de luz en el sendero pero cuando quieren fundirse se encuentran con que el sol devora con hambre y las sombras son del mismo color que los arrayanes

Mousie

Madre estaba hecha de ratones de madriguera. No le decían Mousie por eso, pero parecía. Tal vez fuera por su cara pequeña, toda concentrada. O por su andar veloz. Bajaba a la calle, pasaba la embajada y se metía en las canaletas. Tan chiquita era la cocina cuando ella no estaba. De un segundo a otro estallaba en millones de partes. La hornalla, las perillas, las sobras de la heladera. Yo me escondía abajo de la mesa, y esperaba a que vuelva. Volvía mojada, con el pelo en la cara y las uñas filosas. Cientas de lauchas amontonadas por el pasillo. Mordían todo lo que tuvieran enfrente y yo siempre me paraba enfrente. Quería tocarla, tocarlas. ¡Qué disparate! Esa imaginación rara que tenés, me decía Madre, huyendo por la puerta más cercana. Y se iba pero quedaba todo ocupado, de piso a techo. Yo seguía su rastro a través de las fotos: la de las bodas de oro, de plata, de mi hermano, las comuniones. Todas las fotos menos la mía. La mía estaba en otro cuarto.  Me acuerdo cuando se la reg...

Huesos

Tu hombro me tiene cansada la trampa de tus huesos el mármol húmedo y poroso corriendo río abajo. Los huesos toda la vida son golpes hasta que en otoño hace calor y llueven hojas de maraca. y crujen,  repletas de arañas  chiquitas arañas  mordiscos cavando profundo en la montaña carmesí ocre, entre todo lo que cae  bajo tu sombra Si hay un bosque lejos  en él asoman finos  como el filo de mil huesos los años, y cuántos caen.  Caen, Caen y diezman los pájaros forman agujeros donde el sol se asoma (Contá los agujeros, me decís sabiendo que el viento y los pájaros no cesan) (Quedate para siempre  con los patos aniquilados los plumones tibios las plumas muertas que frenan el tiempo  en una laguna ese día)  (El mismo día cada vez)  

Parque

El pasto se despereza las gotas caen en un bostezo a la madrugada  de vuelta a la tierra le lavan la cara a los colores El sol me pasa de largo y te busca por la ventana.  —- Hay quince chicas en la puerta del parque tres guardias que vigilan el sendero y dos vaquitas de san antonio  posadas en el mantel.  Pedí un deseo.  ¿Solo uno?  Sí El otro es para ese guardia  que está enamorado del sauce.  No sé, pobre, cómo decirle. —  El sauce solo canta de día  Lo escuchamos acostados  hasta que el viento lo calla.  ¿Le pedimos otra?  En el nido, los pichones duermen (acá también hay siesta)  Pedile más tarde.  — ¿Y la Salvia? La Salvia cae hasta el piso  casi hasta el piso achicharrada por el sol, suda y se ablanda  amenaza con desaparecer pero no desaparece las Salvias no desaparecen  las flores sí — Yo no conozco a los picaflores no sé si tienen plumas o escamas pero sé cómo vuelan  porque sus somb...