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Siempre que lo necesites no voy a estar

 A mí no me parecías un iluminado. Ni un visionario, ni una persona que no juzgaba ni alguien que siempre estaba ahí. Es más, la única carta que tengo tuya dice "siempre que lo necesites, no voy a estar. Pero te quiero".  No hacía falta más, tampoco. Así que no voy a engrandecerte para que te mueras y te llenes de virtudes. Cuando te conté cómo me estaba costando reencontrarme con mi novio a la vuelta de un viaje largo, me dijiste tantas cosas que me tuve que bajar del auto llorando. Que vinieron dos tías corriendo preocupadas por los gritos y me calmaron a mimos y "vos sabés cómo es Picha".  Después me pediste perdón, habías tenido un mal día. Estabas nervioso.  No fue la única vez. Tenías malos días. Nos gritábamos feo. Y está bien , no tengo que acordarme de cosas lindas para que me guste acordarme de vos. Es importante poder sostener ideas contradictorias. Poder pensar una cosa y que eso no te quite disfrutarla. Porque la vida es compleja, y la tuya lo fue mucho...

Amalia Rajá

Hay un momento por el que pasamos todos los primos de la familia y que en algún momento, aunque nadie se acuerda cuándo, pusimos en común: un día nos dimos cuenta que la pareja que vive en la casa de mi abuelo son hermanos. Sus  hermanos. Nuestros tíos abuelos Amalia y Alejandro.  Algunos nos enteramos por un comentario al pasar a nuestros papás. O una pregunta a mi abuela. Nunca por una anécdota de cuando eran chicos ni mucho menos. Sabía que Alejandro era el padrino de mi mamá, pero eso no tenía una atadura filial en mi cabeza. La cuestión es que esto fue un problema general de público conocimiento pero cierta discreción.  El problema es simple: yo creo que pensamos que Amalia y Alejandro, este set inseparable de pilas doble A, eran pareja porque nadie en la casa los trataba como familia. No se nos enseñó a quererlos como familia. Nadie te decía "antes de ir a la cocina a tomar el té andá a saludar a Amalia", ni te preguntaban si charlaste con ellos cuando fuiste a juga...

Jugada

Hay un gesto re re vos, me dijiste. No sé bien cómo definir qué es, así que voy a empezar por describirlo.  Así arrancaste. De prepo. Arrancaste por el detalle más chico y te alejaste. Me solés decir que es un recurso mío. Pero esto sos todo vos. Fue así: "Hay un momento, generalmente pasa cuando estás sentada... en el que hago o digo algo, y vos ponés muy recta la espalda. Como que te erguís muy derechita y bajás el mentón. Y hacés algo re lindo con la boca, like a pursing of the lips. Muy sutil. Y respirás intensamente. A veces cerrás los ojos, a veces solo pestañás lento. Often you look away. Cuando me acuerdo de ese gesto, o cuando te veo hacerlo, me acuerdo de la primera vez que te vi hacerlo, esa primera noche en tu casa. Estábamos en el sillón, y vos estabas jugando conmigo. You were a cat and I was a mouse to you. Te habías sentado con las piernas cruzadas, mirándome de frente. Fully facing me, y muy cerca mío y no sé por qué, pero no puedo acordarme qué dije, y vos hi...

Drip, drop, plop/ No llego

Drip, drop, plop The couch is clean. I mopped the floor and swept out the dust and tidied the table. I even folded my clothes. I didn't put them away, but I did fold them. I tried.  I did the whole bathroom. Hung the towels. Threw away old creams and empty packages. Got rid of the papers on the floor and disinfected my piercings. I even did the dishes.  You know what else I did? I meditated. Just so you know. You, who are always telling me to calm down. I stayed home, to sleep early, so I could get shit done tomorrow. I crept in bed. I did my best. And there they were. Alone. Mocking. Aligned center of the apartment: my keys on the floor. So far away. Not even under the spotlight. The bulb is fried.  Pause.  The faucet drips. I stare blankly at it. I try to breathe in until it feels relaxing. It's not.  I can't get out of bed. If I do, I'd have to face the undone wrinkled blankets that have been swarming all over the place for days. I start a list. There's tuppe...

Sum smile

Sum smile The day after yesterday we talked We spoke about figures half moons and wedges Those people use in maths Will you read for me? I plead. Play along. Translate these hieroglyph daydreams so I can hand over my beautiful, clay sphere and listen to the square roots mumble their way out of your lips. They’re more, less or equal to many words I know To the power of prepositions of direction, time and place. A caret here, a chevron there. I hear the clay crackle even though we tread slowly even though we mouth them carefully and each slice is thoroughly measured as you smile and I keep score The scratching sounds familiar I feel so close to you, Who don't seem to take me very seriously but are still equally amused. What on earth are you doing? My fingers are covered in red dust the sum still fresh drying in the sun. You laugh- (that’s not how math is done) and clear the tab. When you're not looking I secretly go over the sum again. Just in case. But it's no use. It's ...

En silencio con Igna

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Llueve. Siempre llueve cuando pienso en Igna.  Llueve pero hace calor. Está pesado pero no demasiado. Corre viento. Estamos en la costanera sur.  Tengo la frente con gotitas de lluvia, el pelo medio electrificado y esa sensación de estar mojada pero no. El pelo aglomerado, aplastado en mechones marrón oscuro. Todo es gris, menos los árboles que están más verdes que nunca. Se lo digo. Y el agua de los charcos, la lluvia y la reserva son medio lo mismo.  Nunca tengo frío con Igna. Cuando me acuerdo, tengo la temperatura justa. Una mezcla de viento helado que se me metió en la remera y calmó un poco el calor humano que estoy largando, y el espesor que se acumuló adentro del buzo por el clima.  Hay silencio. También, como siempre que pienso en él. Estamos en el auto yendo por la avenida de los italianos. A punto de entrar al museo de la cárcova que lo cruzamos sin querer. Salto un charco gigante para bajar del auto. Tengo la sensación de que se viene una aventura siempre...

Vértices y promesas

Las contradicciones son nuestro punto más fuerte.  Es raro. Pero son el vértice. Ahí empieza el juego. Vos y yo. Un poco como los imanes a la inversa. La tensión día a día es tirante y elástica. Está siempre ahí. Apretujamos todo pero las piedras no se chocan ni se rompen ni se cansan de rechazar. Nos resistimos.  Desde el hueco de ese filo nos miramos muy nerviosos. Pensando cómo mentirnos en la medida justa. Un poco más y se nota. Un poco menos y no alcanza.  Necesitamos vértices. Puntos medios. Cosas que dejen tarea para el hogar. Por ejemplo eso de ser libres siempre y cuando sea por igual.  Pero yo ya sé que el juego siempre es resistir. Ver quién negocia mejor. No soy boluda, solo me hago.  Pero sonaba lindo, sonaba re lindo ¿no?  Te voy a hablar y no sé que decirte. Un montón de palabras como papelitos de relleno de una caja. Quilombo nomás. Hasta que me quedo en silencio y dudás primero. Y me quedo sin pellejos en el dedo índice y sin parte de la ye...

Brahma 1

Se enfría la Brahma caliente.  Esperamos sin apuro a que cierren las urnas. No sé si se le puede decir espera a esto. Hay demasiada poca expectativa. Estamos. Estamos sin apuro hasta que cierren las urnas. Estamos con la Brahma caliente al sol con una decisión que parece negligencia. Y unos perros que van y vienen ladrando pero no se dejan tocar. Pelusa, Nico, Carlitos y Taison.  La primera birra la compré. La estaban cambiando de lugar y los pesqué, y en el fondo, ¿yo a quién le voy a contar? Se hacen unos pesos por una birra que igual no quería tomar nadie. La segunda ya la ligué de yapa y con compañía. Ahora alguien pesca, alguien maneja una lancha a lo lejos, alguien la mira y alguien escribe.  A uno le gusta treparse a la cornisa y ver la pesca. Ya no me acuerdo cuál. Uno feo. Son todos feos y el sudor nos cae por igual a todos. Eso me gusta. Yo no pesco, ni sé vivir en un container. Ni entiendo mucho cómo es esa logística. Y el pescador no sabe qué puede haber de bu...

Me gustás mucho a la mañana/ Mornings look good on you

Me gustas mucho a la mañana. Me gustas cuando nos despertamos, todavía no tenemos conciencia de nada.  Si es mi casa, o la tuya.  Es la mía, porque los rayos de sol se empiezan a filtrar por la cortina de mentira que mirás exasperado sabiendo que tiré el blackout. Si es tu casa, sonó la alarma o ya dormimos más de 9 horas  y el cuerpo pide que nos movamos. O me lo pide a mí, vos siempre te rezagás un poco más y ahí te busco. Ahí me gustás, cuando nos despertamos. ¿Querés ser mi novio solo a la mañana?, te pregunté. A la hora en la que todavía no hay nada  estamos juntos hace solo unos minutos mis piernas trepando las tuyas de forma automática. A la mañana recién despiertos no hay ayer, no hay un plan, no tenés trabajo y no te tengo bronca, no hay almuerzos familiares, no hay caminatas por la ciudad estamos vos y yo desnudos. Tenemos los ojos apenas entreabiertos pero  tus manos empiezan a acariciar mi espalda,  cada hueco y hueso, mientras te doy besos. Tod...

Fantasmas

Sé que en mi casa hay fantasmas. Los descubrí la primera vez que me quedé sola a los quince, a cuestas de negociar las llaves con Mariela, que trabajaba en casa. No era para llevar pibes, ni salir, ni nada por el estilo. Me gustaba estar sola. Y cuando mamá se iba los fines de semana, yo hacía lo imposible por conseguir una copia de llaves y encontrar una mentira viable para que no me manden a lo de mis abuelos.  Era bastante rompebolas, mi vieja, que a pesar de que yo era tranquila hacía todo lo posible para que no tuviese ningún tipo de privacidad prolongada. Ella se quedó embarazada a los 19 y tenía pánico que me pase lo mismo. Yo mucho antes le grité que éramos parecidas pero que yo no era boluda. Esas cosas no ayudaban a que me den las llaves.   Pero logré quedarme y disfrutaba de los ecos entre ambientes de la casa vacía. Hasta que escuché los portazos y tuve miedo. Sonaban re fuerte, y yo toda adolescente escondida como idiota bajo el plumón. Patiné por la casa sobre ...

Luz roja y dedos en la piel

Se me pegó su piel.  Qué hacerle. Tengo la punta de sus dedos tocándome la cintura mientras me muevo.  Me quedaron restos en el pelo de luz roja y violeta fluorescente. La luz roja que jugueteo con tener en mi casa y el éxtasis del cielo verde y los árboles naranjas que salían de entre el empedrado.  Se me pegó. No en el momento, me siguió a casa.  En el momento era una mano, un abrazo más de los que tenemos miles. Parte de la textura y el baile clandestino entre fábricas.  Pero me siguió a casa y me desperté con una voz en el oído y sus dedos tocándome la cintura mientras bailaba. Rogándome muy tibio al oído. Distrayéndome en el almuerzo. Sonriendome irresistible en la nuca.  Se me pegó, no puedo sacarlo. Fantaseo con su mano completa. Toda su mano envolviéndome y su beso en el cuello en respuesta al mío. Se me pegó el calor en el pecho de un fuego que no hubo pero que mi cuerpo malinterpretó durmiendo. Una caricia retenida fuera de contexto. ¿Cómo le hago...

Clepta y Clemen

Clepta y Clementina viven solas. Viven solas en lo que solía ser una antigua iglesia, pero también viven solas en el mundo. Todo empezó y terminó el día en que caminando por las afueras de su pueblo se distrajeron, confundieron de ruta y se toparon con una vieja iglesia venida abajo. Rara, porque tenía un diseño en el que cabían cientas, tal vez miles de personas, y estaba ubicada en el medio de la misma nada. Se fijaron en maps y no había referencias. Tampoco en el buscador. Agotaron sus fuentes y decidieron entrar. No eran religiosas. Tal vez Clementina técnicamente se admitía católica por haberse prestado a hacer la primera comunión y después la confirmación en el colegio. Pero lo que se dice religiosas, no eran. La pasearon un poco, gritaron “eco”, y se acostaron en el pasillo a mirar el techo. El piso estaba frío, así que acostadas su piel emanaba un aura cálida que humedecía el piso, con pelos semi erizados irguiéndose para tomar aire, mientras que la otra mitad se apelmazaba e...