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Se busca

Despilfarrador de horas crónico. Experto en perder el tiempo y hacer listas acabado el rato de lo que podría haberse hecho. Gozador de minutos que resbalan como vaselina por la tarde hasta formar un pilón muerto en el piso del living. Una masacre, una obra de arte sin sentido concebida para contemplar. Conocedor de la incomodidad de tocarse por horas hasta que la existencia cobra peso por culpa de la acción; y la sorpresa ante la abundancia de pensamientos que caen maduros al tacto, con un tinte de abandono que la calentura dejó enfriar.  Detective salvaje que se cuestiona por qué le resuena con tanto cuerpo la conciencia al leer la palabra verga muchas veces en un libro y mira con recelo como si alguien estuviese mirando.  Sadomasoquista por la soledad en la que se deleita, y a quien desdeña al no aprovecharse de ella y tan solo observarla hasta hacerla mirar a un costado.  Esclavo de la seducción a la que no se resiste pero con quien juguetea con pudor y luego...

NN

Lo busqué. Lo busqué yo . Al pedo. Él que me había catalogado de amiga lo fui a buscar. No lo paro de pensar. La cagué. ¿Para qué? Pero ahí estaba. Ahí me veo, acariciando sus dedos en el sillón. Tomando una cerveza en el balcón y echando sorbos a risas adormecidas. Atrapada entre reflejos de latas y botellas que  saqué yo.  "Entendí mal”, dijiste.  Y acá estamos, en la conversación que vamos a tener mañana. Pesado,  Intenso,  Manipulador,  Mezquino.  Y ahora, ¿me ignorás? ¿me querés? ¿tomamos otro vino? ¿abrimos una nueva clase de indiferencia? Vendeme el starter pack a esta perversión. Contame lo distinta que soy en un susurro popular. Hacémelo tragar de nuevo, porque no me vas a volver a hablar.   P or no ser el primero ni el último. Porque v oy a cruzar el semáforo en amarillo con o sin vos.  Te sonrío cada vez más.  Ya está. Es una pena. Te dije que no te quería perder.  ¿Me pensás? ¿Me querés? ¿Me ...

2016

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Chauchas verdes

Qué cosa. Esa cosa. La que tiene el otro. La que para tenerla se te caen otras dos, y ahora las querés más. Qué cosa la de mirar el plato del al lado. Sabiendo que esa comida no es nuestra, la tuya se enfría y  te quedan chauchas verdes nadando en jugo teñido con sal. Qué cosa esconderse entre pilones de ropa pero no cerrar la cortina del living. Qué cosa tener la última palabra y que no sea la correcta. Que no sea la correcta e irte con un piquete de letras desordenadas atoradas en la garganta con más paros que la línea D. Y qué cosa que ese mismo día la línea D esté parada, cosa que tengas tiempo de descuartizar esa última palabra hasta no tener de qué agarrarte. E inventar una palabra nueva. Qué cosa la de justificarse. La de irse incómodo por mostrar el repertorio de ideas disponibles como quién expone una maqueta sin terminar frente a una clase. Como quien finalmente la tira y confiesa que en realidad no trajo nada, se olvidó. Qué fenómeno el desmerecer lo propio. Incapaz...

Da cuerda al tiempo

Al rayo de sol le encanta un buen cuarto vacío. Se filtra por la ventana abierta, cercando las acciones, despertando a los que anhelan participar. La campera, la cama, el libro de Gay Talese en mi mesa de luz que no es mía. Las cosas son ficción hasta que la madrugada da cuerda al tiempo y el movimiento reanuda: la campera se vuelve campera, acumulando polvo, estirándose cada vez más hasta tocar el piso; la cama se vuelve cama, con pliegues rebeldes, despatarrada, esperando al sol como una musa. Y el libro levanta su tapa de papel, sutil, seductor,  para atraer un roce desde sus esquinas. En cambio ella, que es soberbia, se regodea en los pies de cada ventanal. Ronronea ante el calor que emanan. Duerme tranquila, sabiendo que no me voy a ir a ningún lado, porque vivo para ella como la campera, la cama y mi libro hasta que los descubre el sol.

Un alambre que me haga de tender

Miro por el ventanal de mi departamento, y no puedo evitar pensar que él me mira mucho más a mí que al revés. Ocupa el lugar de una pared y le da permiso a los obreros, a las palomas, a las gotas que caen de quién sabe qué aire acondicionado si no hace calor ni frío, a todos , a espiarme abiertamente. Me desperezo. Toma mucho trabajo abrir y cerrar el blackout (que tampoco tapa tanto), por eso lo dejo como está.  Un árbol me tiene cubierta. Es importante eso, porque es viernes. Es viernes, me rendí a la lluvia, y me pica la sensación de que mi ventanal se ríe. Sí o sí, se ríe.  Me ve ir y volver de una pantalla a la otra. Me ve en ese largo proceso que es relajarme. Ve como me dejo seducir por el parlante que hace vibrar el aire mientras fumo un pucho en el sillón y me pierdo. Un poco me pierdo. No se ríe por eso igual. Se ríe porque recién 12:07 am me pongo a escribir. Sabe del fin de semana largo. Sabe de la guitarra no sale de su funda hace rato y del libro que e...

Todos los días

Que traidor que es mi pensamiento. Que cada vez que me pongo a escribir Se va. Y en cuanto cierro la tapa, Vuelve a darme cuerda. No seas fóbico Dejame plasmarte Te quiero ver bien.

Carta a Facundo

Te quiero regalar palabras que tejan un puente a lo que podríamos haber sido. Charlas que emparchen el hecho de que muchas veces no charlamos. Hacerlo de forma tan minuciosa que no de lugar a duda a que hoy sería así. Y que ese camino que manufacturé sea tan tenso que al andar sobre el, no se note que debajo hay una chica de solo 15 que no sabe nadar. Te quiero pedir el tiempo que no me diste. A mí, que me dabas todo lo que deseaba antes de saber que lo deseaba, tuviste el tupé de desproveerme de algo tan  fundamental. Predijiste que el tiempo nos iba a acercar, pero ansioso, como me enseñaste a ser, te fuiste antes. Te quiero muchas veces abrazar, hasta que por una vez seas vos el que se canse de mi cariño. Aunque eso nunca pasó. Y a mí eso no me volvió a pasar con nadie. Me encantaría que me exasperes con las tantas cosas que estoy segura no estamos de acuerdo, y apilar anécdotas para ese hueco que hay ahora, con memorias filtrándose como arena. Porque aún no estando de acuerd...

Por eso

Abrís la puerta y me invitás a salir Nunca me gustó que me abran las puertas Pero te dejo Así aprovecho Y te miro Agarrar la misma salida que yo A que tu huella Mi huella Se pisen y no se toquen Y las separe una fina capa De realidad O ficción Río, Me leés y sos cómplice En un guiño Saltamos Asomamos las narices Y me olvido de vos Por eso te quiero.

Inés

Hoy sé que no me voy a olvidar de ella. Que me enamoró con sus palabras. O el don de poner las palabras “en un orden bonito”: lo más parecido a un hechizo que encontré. Así tan sincero. Así tan cercano pero esfumado. En ningún lugar.  Ella estaba ahí. Conmigo. En el presente. Pero en una línea narrativa distinta. Sentada a unos pocos centímetros que medían lo que una galaxia. Ni cuando te di un beso pudimos compartir tiempo y espacio, fue un atento en vano a que me transportes a tu planeta.  Tardé en ver que corríamos por líneas paralelas. Y que vos no ibas a mirar para el costado. Me limité a seguir tus pasos de reojo, entregada a la ilusión óptica de que tarde o temprano las líneas se iban a cruzar. Eventualmente se tenían que tocar. ¿Es que no nos podemos tocar? Me colgué a una caricia inmaterial tan real que quema. Me arde. No dudo que lo ves, pero indiferente te escurriste entre mis dedos, sin esperar a que reaccione; ya un paso adelante un poco irritada por perder...

Atate los cordones

¿En qué pensás cuando te atás los cordones? Ahí, cuando se te frunce el ceño y los sonidos desaparecen, y despegas sin quererlo, por que tus dedos se salen con la suya. Te despido y me intriga. Fantaseo con llegar tan lejos como tu ausencia. Trato de encontrarme con ella en algún desierto olvidado para que confiese lo que escondés cuando solo veo la nuca de tu cabeza gacha. Pienso en volver, y cambiar el mundo con vos. Pero entro de nuevo a la casa y la fantasía se desploma. Cierto que en la ciudad no hay horizontes. Las ilusiones acá surcan por luces de neón y van a pata; mejor olvidemos la pregunta y sigamos. O no, hagamos una revolución: convirtamos los edificios en velas y sahumerios, erradiquemos la noche y elevemos un grito que requiera de todas nuestras fuerzas, para que no descansen en ningún otro lugar... O miremos al espejo y lloremos, porque no hay nadie, somos humo. Pero sonreí, desafortunadamente algo somos. Salgamos afuera a que nos riegue el sol y nos enf...

Ambiente Hostil

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Endurecimiento por deformación

Así se llama al proceso de endurecimiento de un material por la saturación del mismo por sus dislocaciones. Las dislocaciones son estructuras dentro de la materia que se mueven cuando se deforma el material. A medida que deforma se traban, hasta que dado momento se traban todas y si el material se mueve una vez más, por defecto, se rompe. Valores de cemento te agrietan Te alienan de vos, de mí Y yo que soy arena corro, porque aún puedo Soñaba con controlar los vientos Tocar el cielo y saludarte Pero me rechazás con un gesto y las brasas no pueden evitar extinguir Sos muy pesado tus pies de hierro Yo solo soy semilla Y aunque mis raíces se mueven, no te puedo empujar Soñaba con crecer de tu mano Enseñarte la paz que a veces acarrea la espuma del mar Pero desde tu jardín no se escucha nada Te busco desde el borde opuesto firme y decepcionado mientras la nostalgia trepa por tus piernas Y me queda observar como morís apoyado en la puerta

Nubes de Verano

Hoy el ambiente aplasta como calor sólido siendo amasado por nubes  que engordaron en verano. ¿Te acordás? Yo estaba lejos Y te tapaban los carteles Por eso dormí 13 horas Qué calor. No veo nada.

Ella me miró

Ella me miro sin saber que, Igual que el aleteo de una mariposa Su inocente flirteo Del otro lado creó un sismo Me miró a los ojos Sus pupilas sonrientes Su exagerada risa amplia Y me invitó a su mundo Aunque no solo a mí, A todo quien quisiese conocer Todo quien goce del mareo, De la incertidumbre que ella viste Ella me miró sin saber Pero yo tampoco sabía Porque en dos palabras Mis cimientos eran arena Se hacían arena y la seguí Por médanos infinitos De ferrosa aridez que royeron Mi altar, suelo y pared Ella me iluminó pero Al mismo tiempo encandilaba Y al igual que el sol, De mucho verlo oscurece Me abre puertas que desconozco Pero difusas siluetas empujan Y las cierran al instante Ante mi crudo interés Ella es un cuarto Al que solo la puedo entrar En su ausencia Siempre gana a las escondidas Y la quiero como niño, En constante asombro y credulidad Y la quiero como a una niña Porque ella no sabe por qué