La risa de mi madre

 La risa de mi madre es única 

se escucha a lo lejos 

y no pienso en cascabeles 

hay una cubierta de metal denso

contenida en un galpón interplanetario

graves y agudos 

forman ríos de acero fundido


¡No la escuches!

bajo el domo atiborrado

de huecos que chocan

No hace falta 

No se aúpa entre las manos

es una risa de agua 

y se escapa a borbotones 

arrasa lo que encuentra a su paso 

y varados los restos 

la buscan panza arriba 

para reflejarla en la humedad 

que los cubre 


Es perfecta,

la risa de mi madre 

emana del centro mismo de la tierra

quién podría no envidiarla

quién querría no reír 

como lo hace ella 

es como una peste 

poblando una casa vacía 

corre enferma por sus venas 

se filtra dentro las raíces 

brota por las ventanas

¡afuera le cantan!

le canta el afilador de cuchillos

porque ay, si sabrá de ella 

la melodía hermana  

premonitioria 

dulce por ser propia 

como la historia que asienta una ciudad

y luego por su peso la rompe.


No. 

No se puede culpar a la risa de mi madre. 

Qué injusto sería

cuando la misma risa viene después 

de las canciones de cuna después 

de los cantos fúnebres 

cuánto después 

de la lluvia que pasa por la gotera.


La risa de mi madre:

no hay risa más hermosa que la de ella

me persigue

hasta el último de los rincones

donde cada hueso que dejó atrás

cruje 

y le hace un eco hecho de acero


Imaginala: 

está fundida en lava, 

la risa de mi madre, 

caliente eriza el terciopelo del sillón

y lo recorre en filas de hormigas rojas 

que marcan con sus patas de aguja

el recorrido desde la garganta 

hasta los túneles que labran

y cubren la sala de pegamento 

para que la risa que perforan a su paso

duerma.


Oí, escuchá

La casa repite día y noche.

el hormigueo entre almohadones

que no descansa

¡Allá va!

no nos reconoce

una marcha mullida a la que llamo 

“la risa de mi madre” 

se traga los ecos de la escalera 

ella es la escalera 

es la puerta de entrada

es el encargado 

es la manguera que limpia la calle

es el jacarandá 

y no nos precisa 

la risa de mi madre 

se escucha a lo lejos

entre huecos que chocan 

es perfecta 

después de los cantos fúnebres

son de lava

las hormigas rojas 

y perforan

cuánto después

la risa de mi madre…¡Allá va!


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