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Mostrando entradas de 2019

Paraná 1190 v2

-"¿Cómo se pausaba esto, vieja?" El piso de madera crujió. El CD danzaba ajeno al desasosiego de Sylvia. El olor a encierro y el pegote de palabras sin decir me zumbaba en la nariz y trataba de no aspirarlo mientras tomaba mate. Al lado mío tenía una caja de cartón con más de 20 controles remotos incompatibles con cualquier televisor fabricado después del 2000. Compatibles con el del cuarto de Diego y ni siquiera. Con el agua hirviendo chorreando del termo roto, el plástico pudriéndose bajo el título "es una cuestión de mania", escuchábamos el ruido de la radio simultánea al CD player simultánea a la tele mientras el ropero escupía cada vez más cajas. Ella, enroscada en su locura. Él, ocasionalmente me miraba de reojo y yo desviaba. Desvariaba. A la caja de herramientas, a los controles, al popurrí que apareció abajo de la cama y quedó sin clasificar. Ninguno sacaba la incomodidad del: usted está aquí, en esta situación irremediable, qué le va hacer. - "...

Paraná 1190 v1

El piso de madera crujió. ¿Cómo era esto vieja? Cómo era el olor insano cuando no estaba contaminado de vejez. Cuando las paredes no descascaraban resignación, solo sinsentido. ¿Los portazos te apretaban el corazón hasta que doliera? ¿Como cuando los espejos miraban a través tuyo, sin percatarse? ¿Alguna vez pensaste si tu cuerpo cabía por las rejas del balcón? O no tenía punto y entraba en esa lista difusa de cosas que no se podía mencionar siquiera hacia adentro. ¿Cómo se sentía el tacto de una mano? El abrazo de un afuera y la comida en lo de amigas. ¿Cómo era esto vieja? ¿Era igual o era peor? ¿Alguno sobrevivió? O son cadáveres que cayeron junto con los marcos de fotos mientras se anulaban papeles. ¿Cómo era? ¿O no tuviste la valentía de preguntar? ¿O tuviste la sabiduría de no hacerlo? La bandeja de carne al horno seca, las papas gomosas, el desgano, la uniformidad que viene con el asumir que todo se repite ¿Se repetía cuando ustedes recién empezaban a despertar? Aumenta...

Se busca

Despilfarrador de horas crónico. Experto en perder el tiempo y hacer listas acabado el rato de lo que podría haberse hecho. Gozador de minutos que resbalan como vaselina por la tarde hasta formar un pilón muerto en el piso del living. Una masacre, una obra de arte sin sentido concebida para contemplar. Conocedor de la incomodidad de tocarse por horas hasta que la existencia cobra peso por culpa de la acción; y la sorpresa ante la abundancia de pensamientos que caen maduros al tacto, con un tinte de abandono que la calentura dejó enfriar.  Detective salvaje que se cuestiona por qué le resuena con tanto cuerpo la conciencia al leer la palabra verga muchas veces en un libro y mira con recelo como si alguien estuviese mirando.  Sadomasoquista por la soledad en la que se deleita, y a quien desdeña al no aprovecharse de ella y tan solo observarla hasta hacerla mirar a un costado.  Esclavo de la seducción a la que no se resiste pero con quien juguetea con pudor y luego...

NN

Lo busqué. Lo busqué yo . Al pedo. Él que me había catalogado de amiga lo fui a buscar. No lo paro de pensar. La cagué. ¿Para qué? Pero ahí estaba. Ahí me veo, acariciando sus dedos en el sillón. Tomando una cerveza en el balcón y echando sorbos a risas adormecidas. Atrapada entre reflejos de latas y botellas que  saqué yo.  "Entendí mal”, dijiste.  Y acá estamos, en la conversación que vamos a tener mañana. Pesado,  Intenso,  Manipulador,  Mezquino.  Y ahora, ¿me ignorás? ¿me querés? ¿tomamos otro vino? ¿abrimos una nueva clase de indiferencia? Vendeme el starter pack a esta perversión. Contame lo distinta que soy en un susurro popular. Hacémelo tragar de nuevo, porque no me vas a volver a hablar.   P or no ser el primero ni el último. Porque v oy a cruzar el semáforo en amarillo con o sin vos.  Te sonrío cada vez más.  Ya está. Es una pena. Te dije que no te quería perder.  ¿Me pensás? ¿Me querés? ¿Me ...