Parque

El pasto se despereza

las gotas caen en un bostezo
a la madrugada 

de vuelta a la tierra

le lavan la cara a los colores

El sol me pasa de largo
y te busca por la ventana. 


—-


Hay quince chicas en la puerta del parque

tres guardias que vigilan el sendero

y dos vaquitas de san antonio 

posadas en el mantel. 

Pedí un deseo. 

¿Solo uno? 

El otro es para ese guardia 

que está enamorado del sauce. 

No sé, pobre, cómo decirle.


— 


El sauce solo canta de día 

Lo escuchamos acostados 

hasta que el viento lo calla. 

¿Le pedimos otra? 

En el nido, los pichones duermen

(acá también hay siesta) 

Pedile más tarde. 



¿Y la Salvia?

La Salvia cae hasta el piso 

casi hasta el piso

achicharrada por el sol, suda
y se ablanda 

amenaza con desaparecer

pero no desaparece

las Salvias no desaparecen 

las flores sí



Yo no conozco a los picaflores

no sé si tienen plumas o escamas

pero sé cómo vuelan 

porque sus sombras vuelan detrás 

con rabia color miel 

(la luz,
llevada a un segundo plano
se ofende)



El cielo me aplasta a la rama

me mece a la copa

me presiona el pecho a la corteza

de un poste de luz
y no llego a verlo

cuando me levanto

ya no está 

para mí los picaflores 

son un gris zumbante


—-


Las mesas de picnic se trepan

¿Vas a subir? 

No, ese poste
es una flor de papel
no me parece.

Entonces 

las mesas descienden.


—-


¿Cuántas mesas caben 

en esta idea tuya 

de estar tranquilos?

Yo conté cinco sándwiches de miga, 

quince frutillas 

y un queso envuelto en papel. 

La miel se la llevaron las hormigas. 


—-


En el parque es de noche

una estrella llueve sobre el portón

y las flores nocturnas

todas se abren 

todas.

Sus colores tenues 

flotan en la oscuridad 

como fantasmas de brotes 

evaden nacer a ojos del sol. 

Existen solo de noche 

para los búhos 

y murciélagos, 

y solo hoy, 

para una canasta

que nos dejamos

sobre una mesa de picnic.


— 


Llora el sauce 

La puerta está vacía 

Las vaquitas duermen 

Los árboles no son de madera, dicen,

son árboles. 

La madera no sabe de árboles

Las mesas no saben de postes 

Los postes no son de papel 

como las flores sí 

El papel ve a través 

de la negra noche 

y se posa en un mantel
que ronca solo 

sobre una mesa de picnic. 



Abajo de la tierra algo pasa

está quieto 

el silencio es total 

Abajo de la tierra

las gotas de agua 

se deslizan contra la gravedad 

salen de vuelta a la superficie

se montan sobre sus hojas 

y esperan
Ellas prefieren el amanecer.

De lo demás 

que se ocupen los árboles. 

¿Y de nosotros?

La manta de alpaca

y nuestra salamandra

que deja a las gotas afuera. 


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